
Y era que no, pues. Ese viernes se suponía que iba a dar ese gran paso al haberla invitado al cine a ver una de sus películas favoritas, pero pasó lo peor y lo que predecía: me tupí y ella se largó a atacarme con sus palabras ácidas, hablando de tu morralito, de mr. pépsodent y haciéndome hablar cosas que supongo que ella ya descubrió.
Decidí hacerme el iluso y esperar a que ella hablara, mientras mi mente ya empezaba a asumir que la susodicha ya no era la misma de antes, la que me quería de verdad, la que me quería como soy. Entre eso, retornó mi obsesión por Daniela, pero no le hice caso a tal actitud, ya que lo vi como una simple búsqueda de alguien para saciar el vació que me dejó la aludida anteriormente. Era simplemente una obsesión.
Recién el jueves (11) decidió hablarme, pero totalmente desapercibida de lo que había pasado hace unos días. Al parecer le llegaron unas cosas que publiqué en una cadena de Facebook, específicamente a lo que hablaba de que a mí me gustan las altas o de igual estatura y mayores o de mi edad (y lo sigo sosteniendo), debido a que ella es 7 meses menor que yo (como si me fijara en esos detalles).
Mientras caminábamos ese día hacia el cine ella me preguntó con un tono casi agresivo quién es mi mejor amigo e inmediatamente se me vino a la cabeza lo que había pasado con Ariel, que comentó por error en uno de sus escritos de su blog personal (por no decir diario de vida). Le respondí que era Daniel, a lo que me preguntó inmediatamente quién es el segundo y le dije Ariel: "Ah, ya, ahora entiendo". Si no hubiera sido porque íbamos por el paseo Huérfanos, el sonido de los grillos nos dejaría sordos. Ahí reafirmó su teoría de que había descubierto su rincón de libertad absoluta, en donde nadie ni nada le refutaría lo que dijera. A lo mejor por eso mostró tal actitud durante todo ese día.
A lo que iba, al mencionar lo del párrafo anterior, es que ella me preguntó directamente el día jueves si lo había encontrado (ella sabía que lo estaba buscando), de lo que yo respondí con un tajante no, pero con un pensamiento de decirle "sí, lo encontré, he leído todo lo que escribes y quiero que seas mi compañía por el resto de mi vida". No sé por qué la quiero tanto si tanto es el daño que me hace.
A continuación cito el texto completo de lo que ella escribió al darse cuenta que la había descubierto:
que me había convencido a mi misma de despedirme de ti
que todo quedaría como catarsis de la imaginación privilegiada que tengo,
me doy cuenta de que me encontraste,
¿desde cuando eres adicto a mi?
¿cómo llegaste y quién te dejó entrar?
No puedo creer que hayas logrado llegar a donde nadie había podido
lo vomité en el centro de toda la conmoción de la prensa
para que no pudieran notarlo
pero tú me viste... aún no entiendo cómo y por qué
¿Notaste ya quien soy?
¿Me invitarás a bailar algún día?
¿Me responderás si debo abandonar lo que aún no tengo?
¿Responderás todos estos escritos que fueron hechos solo para ti?
¿Podrás darte cuenta de que he soñado contigo desde que tengo memoria?
Si, doy asco con lo melosa que puedo ser... pero ¿qué le puedo hacer?
Si desde aquel día en que quisiste "compartir algo con nosotros"
¡Qué digo!,
Yo trasladé mis letras desde aquel lugar aterrador
hacia un lugar más conocido
sin ningún fin más que reparar una grieta en el camino,
y entonces nuestras miradas se cruzaron...
Lo demás es un ruido silencioso

Ojalá que mañana pueda estar escribiendo una historia definitiva, para así poder salir de este país con la tranquilidad de tenerla a ella dentro de mi corazón.
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